
A seis años del crimen
"Pepe" Mateos fue el fotógrafo de Clarín que tomo las imágenes que probaban el asesinato de Kosteki y Santillán. Ni él ni sus editores tuvieron conciencia de lo que la cámara había capturado. Recién al día siguiente, como el David Hemmings de la película de Antonioni, Mateo pudo rearmar el rompecabezas para darse cuenta que no había sido la "crisis" la causante de las dos muertes sino el Leviatán azul que describe Marcelo Sain. Clarín tenía un muerto en la portada que estaba vivo pero aún no se había dado cuenta.
Diario sobre Diarios era entonces un correo electrónico que llegaba a pocas manos. Pero esta perlita, que es de su propiedad, circulo en esos días y fue reproducida en la reciente biografía de Magnetto:
“Cuando Pepe se levantó, junio era amenaza de lluvia en la ciudad. No sabía que le había ofrecido a los lectores de su diario dos imágenes imposibles de lograr por un fotógrafo: la de un muerto que estaba vivo y la de un asesino en el momento de su crimen. Con ese empecinamiento de reporteros y periodistas, arrancó la jornada volviendo hacia las noticias que había recorrido unas horas antes; lógico, seguía la información a través de TN, el canal de la empresa. No prestó demasiada atención al pronóstico del tiempo ni al recuento de los hechos del día anterior; todavía le quedaba el regusto de los gases, de la pólvora. La sangre derramada sobre el suelo sucio de la estación le golpearía en la boca del estómago. De golpe le estalló la cabeza: un muchacho miraba a cámara y decía que la foto de la tapa de Clarín demostraba que su hermano, Darío Santillán, uno de los dos muertos del miércoles, estaba vivo cuando llegó la bonaerense. De golpe se le ordenaron las imágenes disparadas en ráfaga, con cadencia de 1,6 segundos entre una y otra; el caos, la violencia y la confusión del cierre del diario, dieron paso a la desesperación por llegar hasta el edificio de la calle Piedras, meterse en el laboratorio y revelar el rollo de película sensible del que le habían pedido sólo un corte para la incluir en la edición. Habían decidido ilustrar la tapa con la foto de un muerto y no vieron que el muerto estaba vivo. En el cajón de los rollos descansaron las fotos de los asesinos. Por unos minutos, Pepe Mateos, tuvo los ojos celestes de David Cummings, el fotógrafo del Blow Up de Antonioni que revelaba con obsesión los negativos de unas tomas que traían a primer plano un asesinato imaginado por Cortázar. Al anochecer el diario decidió publicarlas. Más tarde aún, el gobernador Felipe Solá se enteraba que, comparando fotos, cruzando escenas, escuchando víctimas, algún periodista sagaz y con las ganas que Rodolfo Walsh le ponía a la búsqueda de la verdad, también había concluido que la Policía bonaerense había fusilado a Darío. Junio vuelve a amanecer con amenaza de lluvia sobre la ciudad; si el aguacero finalmente se descarga, hay dos oficiales que sólo podrán verlo desde atrás de las rejas”.

